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COMPLICACIONES

quinto2007 @ 13:42

Ayer cumplí, por primera vez, 18 años.
No, no es un chiste, cumplir por primera no es por última vez. Es que antes de hoy, yo siempre soñé, como mucha gente, “cuando cumpliré esos 18…” que me permitirán asumir mi rol de ciudadana (votar, elegir, participar, ser elegida) y también el de integrante “mayor” o “adulta” de la sociedad en la que vivo.
Y hoy, que he llegado, me da un poco de miedo. No hubiese querido que este día llegase.
Que ironía la del destino y la de nuestra vida!!! Uno ama y desea tanto las cosas o ciertos momentos y vive y desvive por ellos, con una ansiedad y un deseo impresionante y… cuando el momento llega, cuando el futuro deja de serlo porque ya es presente, todo se nos derrumba, empezamos a temblar, a desear que ese momento se hubiese retrasado un poco, demorado un poco más.
Este cumpleaños de 18 es el que todos nos representamos teniendo “la llave” de la puerta de casa, como la llave de la vida, de nuestra apertura a la adultez.
No se equivoca la referencia popular: esta es una edad hermosa de la vida como ninguna otra, pero también llena de peligros y complicaciones. Ya no podemos escudarnos en la minoridad para muchas cosas, ya la familia y la sociedad nos exigen una decisión (estudiar, trabajar, quedarnos o mudarnos) y tanto nos exige que, como es conocido y una costumbre también popular, a diferencia de nuestros padres, ya no nos vamos tan rápido del “nido”, un poco por esto y un poco por aquello, pero aún siendo adultos, no nos queremos ir.
El contexto social moderno, con sus demandas y exigencias, pero también con sus peligros nos frena y nos da miedo. Miedo de salir, de estar a ciegas, de comprometernos.
Nosotros prolongamos nuestra adolescencia, porque desde nuestro corazón y el de los padres, siempre estamos en familia y conviviendo. Esto nos da seguridad, nos da confianza porque es como si nuestra etapa de la vida adolescente no terminase nunca. En vez de durar los 12 o 13 años que normalmente duraba hace 20 años, ahora dura 15, 20 o tal vez 30.
En la medida que seamos tolerantes y sepamos donde estamos y que somos, sólo será cuestión de vivir y convivir estos años con nuestros padres.
Parece mentira, después de pensar todo esto, ya no tengo tanto miedo de los 18. Porque haciendo un balance, debí tener miedo en los 17 años anteriores cada vez que los cumplí y consciente o no, me parece que no tenía tanto miedo. Entonces… ¿Por qué debo tenerlo ahora?
Estas son mis complicaciones de hoy, que dejarán de serlo mañana mismo, como si no hubieran pasado estos 18 años.

Antonella Biscardi

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